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Ser Exitosos

A medida que crecemos nos damos cuenta de que en la vida hay básicamente dos clases de individuos: los exitosos y las fracasados. Nota que no son las que tienen éxito? porque esa es una apreciación muy vaga de un individuo
plenamente realizado, y tampoco los que tienen fracasos? debido a que ambas expresiones reflejan de manera irreal la esencia del individuo. No es posible medir por algunos éxitos o fracasos el nivel de vida de un individuo y tampoco su felicidad, autenticidad y valor. Estas cualidades están más allá de los eventos que rodean a un ser humano, pues determinan con qué persistencia seguirá trabajando para alcanzar sus sueños y trascender.

La historia esta repleta de ejemplos grandiosos de individuos que experimentaron reveses que parecían insuperables, y sin embargo siguieron adelante, pusieron su vista en las estrellas y éstas los guiaron hasta la realización de sus aspiraciones más altas. Sólo imagina por un momento que Tomás Alva Edison hubiese pensado que era imposible hacer su bombilla después de todas las ocasiones en las que sus experimentos no dieron resultados; o piensa en la señora Curie rindiéndose como científica porque era una mujer en una sociedad que no le daba crédito precisamente por ser mujer; o medita en Napoleón Bonaparte excusándose en su baja estatura. Cada uno podía haber renunciado con aparente razonabilidad, pero hoy ninguno de ellos sería recordado, estudiado, ejemplificado, etc.

Es impresionante leer sobre esos grandes hombres y mujeres que no se limitaron a pasar por la vida, sino que se lanzaron (consciente o inconscientemente) a ser forjadores de la historia misma. Pero ¿qué hay de nosotros? Quiero decir: ¿Estamos aprovechando nuestra vida para dejar nuestra huella en la historia? Tal vez no podamos ser recordados por todo el mundo, como es el caso de algunos, pero ¿los que nos rodean nos recordarán? ¿Cómo nos verán? ¿Exitosos o fracasados? ¿Nos verán como un ejemplo de servicio, entrega y abnegación o seremos olvidados con rapidez? La respuesta a estas preguntas se encuentra en el presente.

Cada día es nuestro privilegio vivir como personas de éxito. Como he dicho antes, los eventos no determinan lo que somos, pero en gran medida somos responsables de lo que sucede en nuestras vidas, es decir, de cómo respondemos a lo que nos sucede. A través de nuestras actitudes, pensamientos, conductas y demás, vamos construyendo lo que queremos que sea nuestro futuro, pero dicha construcción se hace siempre en el presente. Cuando vemos al pasado sólo podemos contemplar la forma en que pusimos nuestros ladrillos, sin oportunidad de cambiar algo de ello; cuando vemos hacia el futuro sólo podemos imaginar la forma en que nos gustaría colocar los nuevos ladrillos, pero es sólo en el presente cuando en realidad construimos. Por tanto, aunque no es posible medir cuantitativamente el verdadero éxito o fracaso de un individuo, sí podemos hacerlo por sus hábitos más constantes. Las palabras de Aristóteles resuenan cuando dice: "Somos los que hacemos día a día, de modo que la excelencia no es un acto, sino un hábito".
Nuestros hábitos determinarán nuestro destino. La buena noticia es que podemos cultivar hábitos de excelencia, así como podemos abandonar los hábitos que sabemos son perjudiciales. Es cierto que romper con un hábito es difícil, pero imagina cuán difícil es vivir una vida mediocre, acongojados, esperando que las cosas mejoren para poder sentirnos bien aunque sea por un momento. Por el contrario, cuando programamos nuestra mente con hábitos constructivos y positivos, estamos asegurando que lo que construimos en el presente tenga como resultado una estructura sólida que podemos contemplar hacia el pasado, y una proyección de calidad cuando vemos hacia el futuro.

Sin embargo el único que puede decidir sobre este particular es uno mismo.




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